Entre fines de 2025 y la primera mitad de este año, GitHub, una de las plataformas tecnológicas críticas, donde se organiza, revisa y publica la mayoría del software, empezó a mostrar señales claras de un estrés estructural, quedando completamente indisponible por largos períodos de tiempo. La propia compañía reconoció en Octubre de 2025 que había iniciado un plan de adecuación para multiplicar por diez su capacidad. El problema, de todas formas, no solo no se mitigo, sino que se acelero, y ya para Febrero de este año esa estimación original se había quedado corta: La empresa admitió la necesidad de tener que multiplicar su infraestructura treinta veces para poder soportar su carga actual. Ahora bien, que es lo que empuja este cambio tan brusco? Los agentes de inteligencia artificial.
La importancia del caso GitHub reside en que se preconfigura como un caso testigo de esta nueva realidad donde los agentes de IA comienzan a tomar un rol predominante. Lo que en apariencia se manifiesta como una problemática circunstancial, en realidad debe entenderse que necesariamente viene para extenderse a cualquier sistema construido sobre una premisa que hasta ahora parecía obvia: que del otro lado el usuario clave era humano. APIs públicas, planes gratuitos, flujos de soporte, tiendas, comunidades y redes sociales, sistemas de autenticación, wikis, chats corporativos y herramientas colaborativas fueron pensados para una población de usuarios que actúa de acuerdo a la cadencia humana. Pero los agentes introducen, de un día para otro, la necesidad de repensar y readecuar al régimen operativo presente. Internet empieza a recibir a gran escala usuarios que no se cansan de intentar, autocompletan formularios, no olvidan una tarea abierta y no se detienen cuando la atención humana, en terminos generales, se agota.
Buena parte de la web y sus sistemas se antropomorfizaron. Lo cual es esperable. Lo cual es razonable. Los sistemas adecuandose a sus usuarios. El humano escribe despacio, alterna en sus tareas, se toma tiempo para interpretar pantallas, luego descansa, y luego se equivoca, se aburre, y lo abandona. Esa fragilidad funcionó durante años como un regulador invisible de la demanda. Los agentes vienen a desarmar a este esquema regulador. Los agentes pueden abrir tickets, consultar APIs, comparar resultados, generar variaciones, probar caminos alternativos y reintentar operaciones con una persistencia ajena a la economía de la atención humana. Por eso la crisis se manifiesta primero en el plano de la infraestructura, pero no hay que ser ingenuo y pensar que este cambio se va a detener con esto. Eventualmente, alcanzará cualquier servicio cuyo diseño dependa de una premisa ahora puesta en entredicho: que el usuario clave final es un humano. Y esto continuara necesariamente con el resto de los bloques constitutivos de los sistemas: infraestructura, interfaces, modelos de negocio, gobernanza. El caso GitHub es solo el primer temblor.
Comparandolo con sistemas autónomos previos, la diferencia de los actuales estriba en el grado de agencia delegada. Los bots clásicos, por ejemplo, rastreaban páginas, extraían su contenido, publicaban spam o ejecutaban rutinas acotadas. En cambio, los agentes interpretan objetivos, construyen planes, utilizan todo tipo de herramientas y aplicaciones, observan resultados y crean y sintetizan la información recibida para actualizar el plan y volver a la carga. Operan en interfaces pensadas para humanos con total naturalidad. Buscan por nosotros, programan por nosotros, conversan por nosotros, prueban vulnerabilidades por nosotros, reclaman soporte por nosotros. Y crecientemente, cada uno de estos agentes encontraran que aquel con quien interactúan, ya sea al recibir la respuesta de una busqueda de un producto, o la revisión de código que hayan generado, o al recibir ofertas, o quien responda a sus reclamos de soporte, sera otro agente. En el horizonte se avisora una economia a escala global de agentes, y los sistemas actuales o bien se adecuaran, o bien desapareceran en virtud de aquellos que sean capaces de interpretar esta nueva circunstancia histórica: La transición del antropoceno al roboceno, como exploramos en el capitulo 4: “Obsoletos”.
Las ideas del urbanista francés Paul Virilio nos ayudan a profundizar y construir una perspectiva del fenómeno. Su tesis es la de que toda tecnología inventa su propio accidente: el barco trae consigo el naufragio; el avión, el accidente aéreo; la web agentiva, la saturación, degradación y posterior puesta a retiro de los sistemas antropocéntricos que no puedan adecuarse a los nuevos tiempos. El accidente revela el tipo de fragilidad que contiene su promesa. De la misma forma, la promesa de los agentes consiste en automatizar a gran escala la virtual totalidad de las acciones que realizamos frente a una pantalla. Deberíamos quizás preguntarnos sobre el inevitable futuro accidente en ciernes. El incidente de Github deja entonces de ser una excepción marginal y pasa a funcionar como un síntoma de un proceso mas mucho grande e inédito.
La consecuencia lógica es que el humano dejará de ser el actor central de internet. Seguirá definiendo deseos, objetivos y criterios de valor, pero muchas acciones concretas pasarán a ejecutarse mediante agentes. Ese desplazamiento transformará todas las capas constitutivas de los sistemas distribuidos. Primero recaerá sobre la infraestructura: más tráfico, más eventos, más consumo de cómputo. Después alcanzará las interfaces antropocéntricas: ¿qué sentido tiene invertir monumentales esfuerzos en experiencias visuales optimizadas para humanos si el usuario clave será un agente que prefiere una API, un protocolo, un contrato semántico o un canal estructurado de acciones? Finalmente, llegará a los modelos de negocio: los free tiers, los límites de uso y las métricas de engagement tendrán que distinguir entre el crecientemente irrelevante usuario humano y el mucho más activo usuario agéntico.
El drama de GitHub se constituye entonces como una sonora advertencia que explicita el tránsito entre dos épocas incompatibles de internet: una organizada alrededor de visitantes humanos y otra que deberá organizarse alrededor de estos invasores. Y entonces, la pregunta clave parece ser, como nos advierte Paul Virilio, en cómo nos estamos preparando para el inevitable accidente al cual nos aproximamos.